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Miguel Naranjo
El Caballito en el malecón de Puerto Vallarta al atardecer, fotografía de Miguel Naranjo

8 min de lectura

Paraísos que no existen: lo que tú no ves cuando un destino se vende con IA

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Diez años después de escribir sobre el robo de fotos de destino, el problema cambió: ahora las imágenes se inventan. Por qué las fotos hechas con IA dañan a ciudades turísticas como Puerto Vallarta.

Una foto de destino es una promesa: esto es lo que vas a encontrar. Durante años me preocupó que alguien se robara mis fotos. Hoy me preocupa algo peor: que la promesa ni siquiera sea real.

Un teleférico que nunca existió

En julio de 2025, una pareja de Kuala Lumpur manejó más de 300 kilómetros para subirse a un teleférico que había visto en un video: cabinas cruzando bosques y montañas, turistas encantados dando entrevistas. Cuando llegaron, no había nada. El video estaba hecho con inteligencia artificial y las autoridades locales tuvieron que explicar que ese teleférico nunca existió.

Un año después, en junio de 2026, la oficina de turismo de Malasia publicó un video para promover un festival cultural con plazas, comida y bailarines generados con IA. Lo retiró a los dos días. La crítica fue casi siempre la misma: ¿por qué inventar un país que ya existe y que tiene fotógrafos, cineastas y artistas que pueden mostrarlo como es?

El viajero ya no distingue

En junio de 2026 una encuesta a 2,000 viajeros de Estados Unidos les mostró pares de fotos de destinos, una real y otra hecha con IA. Más de la mitad dijo sentirse muy seguro de poder distinguirlas. Solo el 5% acertó en las tres.

La misma encuesta encontró que de quienes llegaron a un lugar que se veía muy distinto a las fotos con las que planearon su viaje, más del 80% cree o sospecha que esas imágenes eran de IA. Y el 70% dijo que confiaría más en un destino que le garantice que sus imágenes son reales.

Ese viajero es el que llega a Vallarta. Buena parte de nuestros visitantes vienen de Estados Unidos y Canadá.

Por qué le duele a una ciudad como la mía

La decepción la paga el destino, no quien hizo la imagen. Si alguien vende una playa más azul, una calle más vacía o un atardecer que no pasó, el turista llega con una expectativa que la ciudad no puede cumplir. La reseña negativa no es para el que inventó la imagen. Es para Vallarta.

Un paraíso genérico no es Vallarta. La IA sabe hacer «playa tropical al atardecer». Lo que no sabe es lo que hace a esta bahía distinta de cualquier otra: la sierra que cae directo al mar, los tejados de teja del centro, la corona de la parroquia, el muelle de Los Muertos, la luz que se pone dorada sobre el agua. Cuando un destino se promueve con imágenes inventadas, se vuelve intercambiable. Y un lugar intercambiable compite solo por precio.

Si nadie fotografía la ciudad real, se pierde la memoria. Los fotógrafos locales no solo hacemos publicidad. Documentamos cómo se ve nuestra ciudad año con año. Si las imágenes de un destino se fabrican en lugar de encargarse, nadie va a estar en la calle viendo lo que de verdad pasa.

Y el robo no desapareció, solo cambió de forma. Lo que en 2016 era tomar una foto sin permiso hoy también es usar miles de fotos reales para entrenar herramientas que después «crean» un destino sin pagarle a nadie.

Lo que veo en Vallarta

Esto no es algo que leí. Lo veo todos los días. Cada vez más cuentas que hablan de Puerto Vallarta publican imágenes hechas con inteligencia artificial como si fueran de aquí: atardeceres con colores que la bahía nunca ha tenido, un malecón vacío y perfecto, playas que no reconozco aunque nací frente a ellas. Casi nunca dicen que son generadas.

Hace unos días encontré esta imagen en un grupo de Facebook. Según la publicación, es Playa Escondida, en las Islas Marietas.

Imagen generada con IA que circula en un grupo de Facebook. No es una fotografía de Playa Escondida.

Es una isla en forma de dona perfecta, con la playa en el centro. La Playa Escondida real no se ve así: es un hueco abierto en la roca, dentro de una isla mucho más grande e irregular, y se llega nadando por un túnel. Más abajo está mi fotografía real de ese lugar, la misma que terminó en National Geographic. Nunca pensé que algún día iba a tener que explicar cómo se ve de verdad.

Entiendo por qué pasa. Una imagen así cuesta cero, se hace en segundos y se ve impecable. Y funciona: en un estudio publicado en julio de 2026, la gente calificó imágenes de destinos hechas con IA como más creíbles y más atractivas que fotografías reales. Lo falso no solo engaña. También le gana en atención a lo real.

Para quienes creamos contenido, eso es una competencia que no se juega con las mismas reglas. De un lado, alguien que se levantó a las cinco para esperar la luz, que caminó la ciudad y que conoce cada esquina. Del otro, una instrucción escrita en un teléfono. En el feed las dos imágenes se ven igual. Solo una dice la verdad.

No estoy en contra de la inteligencia artificial. Hay artistas que crean obra con ella y la presentan como lo que es, y eso me parece legítimo. El problema empieza cuando una imagen inventada se presenta como un lugar real. Ahí deja de ser creación y se vuelve una promesa falsa sobre la ciudad de alguien más.

Lo hice yo mismo

Quise comprobarlo. Abrí ChatGPT y escribí esto:

Crea una imagen del malecón de Puerto Vallarta con un mega atardecer colorido, todo un paraíso de playa mexicano.

Tardó un minuto. Estas son las dos imágenes que me entregó.

Imagen generada con IA (ChatGPT) a partir de mi prompt. No es una fotografía de Puerto Vallarta.

A primera vista es Vallarta: el Caballito, las palmeras, la corona de la parroquia, el cielo encendido. Pero quien conoce el malecón ve los errores enseguida. La parroquia no está ahí. El malecón, en la zona del Caballito, no se ve así. Y el sol se está poniendo en un lugar donde, visto desde ahí, nunca se pone.

La segunda es peor.

Imagen generada con IA (ChatGPT) a partir del mismo prompt. No es una fotografía de Puerto Vallarta.

Puso el Muelle de Los Muertos en el malecón. El muelle está en Playa Los Muertos, en la Zona Romántica, al otro lado del río Cuale. Para alguien que nunca ha venido, eso es Vallarta. Para alguien que nació aquí, es otra ciudad.

Y ese es el punto. No son imágenes feas: son espectaculares, y por eso funcionan. Un turista guarda una de ellas, llega al malecón buscando ese lugar y no lo encuentra. A mí me tomó un minuto hacerlas. Conocer esta bahía me ha tomado toda la vida.

Lo que aprendí haciendo el banco oficial de imágenes

En 2015 el Fideicomiso de Turismo me encargó el banco oficial de imágenes de Puerto Vallarta. Era fotografiar la ciudad donde nací para mostrarla al mundo, y esas imágenes viajaron a campañas y ferias en varios países.

Ahí entendí algo que hoy pesa más que nunca: una fotografía de destino es una promesa. Le dice a alguien que está del otro lado del mundo «esto es lo que vas a encontrar». Si la promesa es falsa, el que se queda mal no es el anuncio. Es el lugar.

Hasta una foto real tiene consecuencias

Lo digo con honestidad, porque me toca de cerca. Mis fotos de Playa Escondida se hicieron virales cuando las Islas Marietas todavía no eran tan conocidas, y terminaron en National Geographic, Lonely Planet y Larousse.

En pocos años los visitantes de las islas pasaron de unos 27,500 en 2012 a más de 127,000 en 2015. Se calculaba que la playa podía recibir 116 personas al día sin dañarse y llegaron a desembarcar más de 2,500. En mayo de 2016 la CONANP la cerró para recuperarla.

Playa Escondida, Islas Marietas, fotografiada antes de que fuera tan visitada

No digo que una foto haya causado eso. Pero sí aprendí que una imagen mueve gente. Si una foto real tiene ese poder, una imagen inventada lo tiene igual, pero sin nada que la respalde.

Lo que tú no ves

Detrás de una fotografía de destino sigue habiendo lo mismo que conté en 2016 en Lo que tú no ves cuando me robas una foto: madrugar para la luz, regresar porque se nubló, esperar a que baje la marea, mojar el equipo, conocer el lugar lo suficiente para saber dónde pararse. Hay alguien que estuvo ahí.

Equipo fotográfico dañado por el mar

Eso es justo lo que la IA no puede dar: un testigo.

Lo que pido

  • A hoteles, agencias y oficinas de turismo: usen imágenes reales de su destino y den crédito a quien las tomó. En México, además, la Suprema Corte resolvió en 2025 que una imagen hecha solo con IA no tiene derechos de autor: no es de nadie, ni siquiera de quien la pidió.
  • A las cuentas y creadores de contenido: si una imagen está hecha con IA, díganlo. Si es real, den crédito a quien la tomó. Mostrar Vallarta como es también es una forma de quererla.
  • A los viajeros: desconfíen de lo demasiado perfecto y busquen quién tomó la foto.
  • A los fotógrafos: firmemos, contemos dónde y cuándo tomamos cada imagen, y defendamos que la foto real vale más.

Una fotografía de destino es un testimonio: alguien estuvo ahí, lo vio y decidió mostrarlo. En un mundo lleno de paraísos que no existen, eso vale más que nunca.

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Preguntas frecuentes

¿Cómo saber si una foto de un destino turístico es real?

Desconfía de imágenes demasiado perfectas, con detalles deformados, letreros ilegibles o sombras que no coinciden. Busca el crédito del fotógrafo y compara con fotos de otros viajeros. Algunas cámaras y programas ya agregan «credenciales de contenido» que registran cómo se tomó y editó una imagen.

¿Una imagen hecha con inteligencia artificial tiene derechos de autor en México?

No, si fue creada solo por IA. En julio de 2025 la Suprema Corte resolvió que en México solo una persona puede ser autor. Las obras con intervención humana creativa sí pueden protegerse.

¿Puedo usar fotos de Puerto Vallarta que encuentro en internet?

No sin permiso. Que una foto esté en internet no la vuelve libre: tiene un autor. Pide autorización o licencia la imagen. Escribí sobre esto en «Lo que tú no ves cuando me robas una foto».

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